Quiero follarte como un animal, / quiero sentirte desde dentro,
Mi completa existencia es defectuosa / y tú me acercas a Dios.”

Nine Inch Nails, “Closer” (The Downward Spiral, 1994)

Existen múltiples maneras de interpretar el concepto de musa, desde su origen mitológico como hijas de la memoria y diosas de la inspiración, hasta acercamientos más profanos y prosaicos con los que idealizar o embelesar a la persona amada. No obstante, la mayor parte de estas perspectivas terminan por encarnarse en figuras femeninas, de perfección casi escultórica a ojos de quien se inspira, y al servicio de un hombre. Así, casi siempre subyace un apoderamiento vampírico de las cualidades que hacían únicas a esas mujeres, a menudo a través del sexo (no siempre consentido), a mayor gloria del artista que defenderá hacerlo en nombre del arte. Uno de los ejemplos paradigmáticos sería El retrato oval de Edgar Allan Poe, donde un pintor obliga a su amada a posar para un retrato, inmóvil durante semanas, hasta que con la última pincelada del cuadro se marcha el último hálito de vida de su musa. Retratos de obsesiones, subversiones y perversiones rellenan las páginas negras de la historia del arte, con el potencial creativo como bandera gargantuesca que cubre bajo su tela los cadáveres de mil mujeres calcinadas. Estas y otras historias de terrorífico realismo pueblan las páginas de la obra de Ryōichi Ikegami.

Yuko 3a

Yuko es un compendio de relatos cortos publicados a lo largo de los años 90, una selección de lo que el autor consideraba más reseñable de su obra individual durante aquella década (similar a lo que hizo con sus orígenes en los años 60 y 70 en Oen, de reciente publicación también por parte de Satori). Planteada como una retrospectiva que avanza desde lo más reciente a lo más antiguo, los protagonistas de esta antología de Ikegami serpean en la línea fronteriza entre las obsesiones y parafilias sexuales y el egoísmo y la egolatría que buscan el engrandecimiento personal a cualquier precio. Y si bien Ikegami condena más o menos claramente los comportamientos de sus personajes, como si de una suerte de visita a los diferentes círculos del infierno se tratase, hay ocasiones en las que sus grises son tan oscuros que dejan manchas negras en la mente de la persona que lee. A este hecho va a contribuir un absoluto realismo y hasta preciosismo a la hora de representar algunas de las escenas más reprobables de sus relatos, como la de la mujer encadenada en llamas de la viñeta de arriba (ilustrada a todo color y con una visión más sexualizada en la primera página del volumen).

Pero estos retratos de mujeres en llamas poco tienen que ver con las de la obra maestra de Céline Sciamma, ya que en Yuko sus pasiones y sentimientos poca relevancia poseen en el desarrollo del relato, siempre supeditadas a los deseos y necesidades de los hombres. Ellas son siempre una tercera persona a la que el narrador protagonista observa, estudia, disfruta y descarta una vez ha obtenido lo que él deseaba de su musa. Las apariencias de empoderamiento, de asertividad o de algún tipo de agencia son eso, apariencias, y a menudo vienen precedidas del uso o abuso de sus cuerpos. Reclamados, pero a un precio. Así que, pese a que este recopilatorio de Ikegami lleve por título el nombre de una mujer, su papel es el de Erato, Calíope o Melpómene: musas al servicio de la mente perturbada de los hombres.

Yuko 2a

Siendo así, ¿de qué tratan los relatos de Yuko? La apropiación sexual de una mujer comprometida en nombre de las perversiones de un fotógrafo. La venganza de una mujer despechada tras ser engañada y ceder a los favores sexuales de un hombre que no es quien dice ser. La emasculación de un hombre que lo lleva a ofrecer a su mujer a otros hombres para disfrutar vicariamente de su cuerpo. La infidelidad de un hombre de negocios cautivado por una subordinada a la que usará hasta darla por muerta. La fantasía hecha realidad de un adolescente con su profesora, confirmada solo a través de la obsesión violenta de otro hombre (aunque este relato encontrará su figura especular, igualmente victimizadora para la mujer, en otra historia donde un maestro se obsesionará con su alumna adolescente). Les sigue una serie de adaptaciones de relatos de otros autores, con ambientación de época, en la que las mujeres son trofeo, objeto de rechazo y hasta de humillación en pos de una mejor interpretación actoral por parte del protagonista masculino; si bien la adaptación más icónica (e ilustrativa) es la de la mujer que será obligada a arder para alcanzar la perfección artística en la pintura de un biombo. Y cierran la recopilación las dos historias más intimistas y menos problemáticas de esta selección (intercaladas por otro relato en que dos hombres lucharán a muerte para apropiarse de una mujer): un viaje por la memoria de un anciano que ha perdido a su esposa y, con ella, el sentido de su vida; y los últimos momentos de un guerrero herido que ama y es amado por una serpiente que ve como una hermosa mujer.

Por supuesto, queda a ojos de cada cual la decisión de contemplar, e incluso de disfrutar, estos relatos pese a que sus personajes puedan ser considerados moralmente reprobables. Como ya se ha comentado, Ikegami opta por un punto de vista repleto de grises, sin condonar abiertamente las acciones de sus protagonistas, pero sin condenarlas tampoco. Deja que su arte hable por él, que las implicaciones éticas sean personales a la hora de la lectura. Aunque esto no ocurre en todas las ocasiones y por ello destaca la importancia de mantener un ojo crítico incluso frente a obras que podamos disfrutar de algún modo. Y es que el arte de Ikegami, técnicamente impecable tanto en sus viñetas hiperrealistas como en sus páginas de tintas recargadas, con expresiones siempre acertadas… no acierta siempre, por contra, en su planteamiento narrativo. No porque la narración gráfica no fluya (insisto, impecable), sino porque su arte no siempre concuerda con lo que sus palabras y las implicaciones de sus acciones pretenden mostrar u ocultar, cayendo en ambigüedades puntualmente torpes o en la más complicada sexualización de escenas violentas, tirando por la borda los grises morales en pos de la estética (como ocurre con los propios protagonistas).

Yuko 1a

Con todas estas consideraciones sobre la mesa, resulta evidente que Yuko no es una obra recomendable para todos los públicos, por diversas razones más allá de la calificación por edades. Quien tenga afición por el arte de Ikegami, sin duda deberá hacerse tanto con esta Yuko como con Oen, para completar el viaje personal del autor desde los años 60 hasta finales del siglo XX (salvo la década de los 80, momento de eclosión del autor en obras más largas). Más allá de este público, Yuko tendrá interés para quienes gusten de relatos perversos, con alto contenido sexual (que no pornográfico), si bien con una mirada dolorosamente masculina que apela a arquetipos patriarcales y a una concepción arcaica del deseo, el mérito y el destino. Dicho de otro modo, Yuko cautiva y aterra al mismo tiempo, como la penetrante mirada que nos observa desde su cubierta.




Yuko
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de Ryōichi Ikegami
Satori Ediciones / Satori Manga
Contenido: Ikegami Ryōichi jisenshu Yuko
(Shōgakukan, 2010)
Rústica. 448 páginas. 22€.
Desde el 19/04/2021.
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