Olvidarte es esconderme, y todavía queda mucho por recuperar.
Si tan solo pudiéramos empezar de nuevo, fingiendo que no nos conocemos…
No podría volver siendo la misma, esta ciudad ha cambiado.
N
o es lo que era cuando me amabas, caminando por aquel sendero que creamos cuando pensábamos que lo que teníamos era algo tan bueno…”

Angel Olsen, Lark” (All Mirrors, 1968)

En la separación de universos que supone una ruptura, en el velo que se rasga revelando que la realidad que compartían dos personas no era exactamente la misma y era el momento de partir, en la expulsión repentina o progresiva del espacio compartido… Ahí, en ese lugar, parece abrirse una brecha interdimensional a través de la cual aún creen poder atisbar fragmentos de esa vida anterior. Tan cercana que hay quien cuenta que consiguió cruzar de nuevo al otro lado, tan lejana que el deseo de sellar la brecha ocupa un espacio exagerado en la memoria. Pero el alma amenaza de tanto en cuanto con ser atraída hacia la brecha, pese al dolor que causa, abrazándose a esos relatos casi mitológicos de quienes llegaron a atravesarla. Olvidando que, como al final de los mapas limitados de la Antigüedad, “aquí hay dragones”

Sin título

Esta sería la premisa de No te vayas sin mí, la primera de las historias del tríptico homónimo de Rosemary Valero-O’Connell, una reinterpretación, en clave de realismo mágico, del proceso de duelo tras una ruptura amorosa. Así, la protagonista emprende un viaje fantástico a una dimensión paralela en la que su pareja parece haberse perdido y, como un eco distorsionado de la realidad, se topa con todo tipo de criaturas extrañas que supuestamente quieren ayudarle. Con cada nueva descripción de la que dice ser el amor de su vida, su recuerdo se irá desvaneciendo, aumentando la urgencia del relato con una progresión perfectamente calcula por el guión de Valero-O’Connell.

No obstante, como cabe esperar, donde brilla la autora es en el apartado gráfico, como ya demostró en Laura Dean me ha vuelto a dejar, con una ondulada atención al detalle y un selectivo uso del color en tonos pastel y terrosos (rosados en la Laura Dean) que acompañan de manera puntual al blanco y negro. Desde la primera viñeta con la protagonista en lo alto de una escalera, como una inversión de la entrada al infierno, Valero-O’Connell reformula el viaje de Dante atravesando las profundidades para encontrar al otro lado el alma de su enamorada, prematuramente fallecida. Las criaturas que guían o despistan a la protagonista en este primer relato se muestran monstruosas, retorcidas, aterradoras, en contraposición a la candidez del personaje, que percibe el entorno de forma cada vez más opresiva a medida que las páginas se van oscureciendo.

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Sin embargo, nada más oscuro que el espacio exterior, no-lugar en el que se enmarca Lo que queda, el segundo relato de esta antología triple. En un futuro indefinido, los combustibles fósiles han dejado de formar parte de la carrera espacial y las naves emplean un componente biológico: un anfitrión voluntario, o donante, cuya memoria y conexiones neuronales liberan la energía necesaria para hacer funcionar el vehículo. El problema es que esa energía es tremendamente inestable, muy peligrosa, e Isla, una biomecánica, será la única superviviente de la explosión del núcleo de memoria, viéndose ahogada por los recuerdos de una vida ajena que ahora revive como espectadora.

Es más que probable que Lo que queda sea la historia más emocionante de las tres, por fuerza, al revivir Isla los sentimientos y experiencias de una mujer de casi 30 años, paso a paso, para ser desconectada de esa vivencia si llega a ser rescatada. También es la historia de la que menos se puede extraer, en tanto que el viaje emocional es lo que nos ofrece Valero-O’Connell, pero la fuerza del apartado gráfico vehicula totalmente la experiencia. Sin hacer tanto hincapié en los detalles como en el relato anterior, aquí la autora deja que sean los gestos, la expresividad de los rostros y la importancia de los vacíos en algunas viñetas quienes guíen los sentimientos a transmitir. Estos se ven acentuados por una preponderancia de tonos rosas y morados, que destacan tanto en la oscuridad del espacio que rodea a Isla como, especialmente, en la blancura de los recuerdos de la anfitriona.

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La historia que cierra este tomo, titulado en español Con temor, con ternura, reimagina una versión más fantástica y extrema de El ahogado más hermoso del mundo, un relato corto de 1968 de Gabriel García Márquez. Como en aquel, llega flotando a las costas de un pequeño pueblo una figura gigantesca y aparentemente humana, la de una mujer en la obra de Valero-O’Connell, y considerablemente más grande. Pero la conexión con el texto del autor colombiano viene dada también por el efecto que esta llegada tiene en la gente: una idealización absoluta del monstruo (reflejada también en su representación estilizada por parte de la artista) que impulsa la creación de un profundo sentimiento de hermanamiento y comunidad. Ya se ha olvidado el momento en que la giganta llegó a la costa, se desconocen sus orígenes y se fabrican e imaginan los posibles recuerdos y pensamientos que pueblan su mente, en un letargo infinito. Y la mayoría imaginan que su despertar supondrá el fin del mundo…

…lo cual es recibido de forma positiva, por varios motivos. El primero, que la absoluta inmensidad de la criatura igual al resto en su inferioridad, llevando a una igualdad completa. Y otro, más importante para esa comunidad, es que funciona como recordatorio de que cualquier día el mundo puede acabar, llevando a que sus actitudes sean en todo momento positivas, disfrutando el momento. Esta atmósfera mágica en un ambiente tropical resulta igualmente idealizada por los lápices y colores de Valero-O’Connell, con una naturaleza boyante, unos paisajes paradisíacos y un contraste de tonos fríos y cálidos que imbuyen de vida a todo el escenario. Del mismo modo, como queriendo capturar la inmensidad de la bienvenida amenaza, la narración abunda en splash pages y páginas dobles, mostrando en viñetas lo inabarcable de su involuntaria y silente protagonista.

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No te vayas sin mí supone prácticamente el debut en solitario de Rosemary Valero-O’Connell, un tríptico de relatos de realismo mágico que muestran tres caras muy diferentes del amor, la idealización y el recuerdo. Tiene una clara voluntad de vista al frente, destacando la fuerza de las conexiones interpersonales, pero reivindicando la vivencia individual como puesta en valor dentro de un todo social. Y estas visiones se ven representadas con la delicadeza y maestría que ya caracterizan a una autora que domina el uso narrativo del color sobre unos lápices imaginativos, igualmente mágicos, que nos transportan a mundos alternativos, a vidas ajenas y a un futuro al que mirar con la esperanza de que salgamos más unidos de una situación apocalíptica.

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Don’t go without me,
de Rosemary Valero-O’Connell
ShortBox

Contenido: Don’t go without me; What is left; Con temor, con ternura (ShortBox / Kickstarter, 2019)

Rústica. 124 páginas. £14.00.
Desde el 03/01/2020.
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