El Hijo del Hombre sigue su camino, como está escrito acerca de él,
¡pero ay de aquél que lo traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido!

Mateo 26:24 (La Biblia, RVC)

Si Judas no existiera, habría que inventarlo. Al fin y al cabo, el Nuevo Testamento no habría gozado del necesario impacto de su último acto sin la pieza clave del (valga la redundancia referencial) chivo expiatorio. Si el proverbial traidor no hubiera vendido a Jesucristo a sus enemigos, este jamás habría culminado su transformación en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo haciéndolo todo suyo antes de morir en la cruz por la humanidad. Así pues, el sacrificio universal bien podría ser doble, incluyendo en la heroicidad al infame apóstol, cuya labor habría podido formar parte del plan maestro que sugería el apócrifo Evangelio gnóstico de Judas. Todo el pecado y los males posteriores del mundo se hacen carne en el apóstol ahorcado, para depositar en él la culpa propia y sentirse mejor viéndola ajena, como Lucifer en la caída, como la Serpiente en el Paraíso, como una nueva marca de Caín. Pero… ¿y si Judas no conocía el plan divino? ¿Y si el traicionado fue él?

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Mezclando la tradición bíblica y la cainita, pero haciendo propia la historia del traidor, la obra de Jeff Loveness y Jakub Rebelka es un relato profundamente humano que plantea el descenso de Judas al infierno como una rebelión contra el determinismo y el destino prefijado durante los tres días que abarcan desde su suicidio hasta la resurrección de Jesús. Aquí la traición se debe a una voz interior que, pese a su devoción por el autoproclamado Mesías, sirve de eco a sus cavilaciones: si el poder de Cristo es tan grande, ¿por qué permite que el mundo sea tan pobre, tan hambriento, tan injusto? Esa voz se acabará revelando, en un giro esperable pero muy inteligentemente planteado, como la de Lucifer (“el Diablo me obligó a hacerlo”, la vieja excusa), cuya rebelión se yuxtapone a la del protagonista para resaltar que el motivo para la traición de ambos es la inacción de sus alabados pese a su omnipotencia. En la versión del ángel negro, el desvelamiento de la otra cara de Dios es tan revelador como el de un Mago de Oz, y su llegada al trono divino es representada por Rebelka como la infernal entrada al Monte del Destino en una secuencia epatante que culmina con la caída de la Estrella de la Mañana.

No obstante, aquí es donde se presenta la idea de la predeterminación, el auténtico alzamiento contra la Divina Providencia, porque el plan de Dios siempre ha estado plagado de villanos. Necesarios, todos ellos, para ensalzar a sus héroes y dejar su mensaje escrito en piedra (acaso literalmente). La Biblia queda, pues, como la génesis de la idea de que la Historia la escriben los vencedores y, para ello, siempre debe haber vencidos. Loveness enumera una serie de casos, siendo el más flagrante el de la mujer de Lot (cuyo nombre jamás conocimos), transformada en estatua de sal solo “por ser testigo de Sus crímenes” en Sodoma y Gomorra. Nadie puede escapar a la Historia, y mucho menos si eres uno de sus personajes principales, un títere guionizado por la divinidad para sufrir eternamente.

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Esta es la cruda realidad a la que parece enfrentarse Judas, que no ve justo su castigo por cumplir con el papel que se le fue asignado, y menos aún si las enseñanzas de Jesucristo invocaban el valor del perdón. Pero “la verdad no es la victoria; la mentira venció”, le dice Lucifer, quien es representado en una escala de grises, como su propia personalidad y forma de actuar. Y es que el guionista no deja a un lado su papel de tentador legendario que trata de ganarse al apóstol hasta las últimas consecuencias, reinterpretando el mismísimo nacimiento de Jesús como el insulto definitivo de Dios: una pobre imitación de lo que supone ser humano, pero sin el sufrimiento e impotencia que ello implica, dado su poder divino. Argumentos convincentes para Judas quien, sin embargo, parece verse arrastrado a otra Historia que no es la suya. Al menos hasta que una sola mirada altere su percepción o, dicho de otro modo, “bastará para sanarme”.

La densidad de conceptos y referencias que Loveness incluye en el relato sorprende por la soltura con la que los maneja y los hace encajar a la perfección con los ecos temáticos y la intención detrás de su historia. Además, mantiene, pese a todo, un profundo respeto por la mitología cristiana y sus creencias asociadas, construyendo una obra igualmente disfrutable seas creyente o no. Y en virtud de lo anterior, este equilibrio se hace extensivo al magnífico apartado gráfico de Rebelka, cuyo trabajo brilla tanto en las ilustraciones como en su potencia narrativa. Destaca un expresivo uso variado de las tintas y el cuidado evocador del color y sus texturas, sobre todo a partir de la revelación del plan maestro de Lucifer. Allá donde la iconografía bíblica se impregna de un expresionismo sucio, entre cósmico y aterrador.

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Sin desbarrar como La espada salvaje de Jesucristo de Grant Morrison y los Molen, pero lejos de ser una adaptación catequística del Nuevo Testamento, el Judas de Loveness y Rebelka bien podría pasar por otro Evangelio apócrifo, depurado de su carácter puramente doctrinal, pero perfectamente integrado en la mitología cristiana canónica. Aunque tampoco queda privada de un cierto mensaje, más humano que religioso, en la crítica a la autodepuración interesada de responsabilidades cuando culpamos al destino, o a las cartas que nos han tocado, de nuestra desgracia. Una desgracia ligada a la inacción, porque nos resulta más cómodo cargar de culpa a otros que asumir nuestras limitaciones y, con ello, abrazar nuestro potencial. Y es que tomar las riendas, aceptar nuestros errores como propios y tratar de enmendarlos para ser mejores personas supone un mayor esfuerzo. En cualquier caso, Judas es una obra que, más allá de su intencionalidad, destaca tanto por la meticulosa imbricación de argumento, referencias y emoción en el guión, como por una personalidad gráfica y una retorcida plasticidad visual que atrapan y conminan a una necesaria catarsis. La Pasión, desatada.

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Judas,

de Jeff Loveness y Jakub Rebelka
BOOM! Studios

Contenido:
Judas #1-4 (2017-2018)

Rústica. 112 páginas. $14.99.
Desde el 04/09/2018.


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