#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.


Estímulo: INFUSIÓN
Obra: El festival de los dragones del té, de Katie O’Neill
Motivo: Ante semejante estímulo, ¿cómo iba a dejar pasar la oportunidad de revisitar el mundo de La sociedad de los dragones de té?


Uno de los últimos grandes hitos del cómic infantil estadounidense fue La sociedad de los dragones de té, un entrañable relato sobre la identidad, la elección de nuestro destino y el cuidado a la naturaleza que le valió a su autora, Katie O’Neill, dos premios Eisner y un Harvey (compartido con El príncipe y la modista de Jen Wang). En aquella historia, una niña descubría a los dragoncitos de té, unas criaturas adorables, subespecie de los dragones tradicionales, de cuya cabeza brotaban diferentes variedades de té en función de la clase de dragón a la que representasen (camomila, rooibos, Earl Grey…). Ante semejante éxito, ampliado por la nominación a otro Eisner para la siguiente obra de su autora, Bahía Acuicornio (con mensaje ecologista), O’Neill ha vuelto al mundo de los dragones del té para una nueva historia. Al fin y al cabo, está a punto de celebrarse el Festival de los Dragones del Té… muchos años antes de la historia original.

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En el pueblo de la Hoja Plateada la gente se está volcando con los preparativos del Festival del Ginseng, y Rinn no iba a ser menos. Aspirante a cocinera y la mejor recolectora de setas y vegetales de la región, será ella quien se tope por sorpresa con una caseta abandonada en el bosque en la que dormita un dragón… ¡Un dragón de verdad! La criatura cayó en un profundo y apacible sueño y se ha mantenido así por 80 años, dejando de lado su labor de protección del pueblo. Así, la historia se desarrollará entre la respuesta al misterio del sueño infinito y la reintegración del dragón en el pueblo, mientras las festividades se acercan y van llegando más invitados, como el tío Erik y su aventurero Hesekiel.

Como ya se ha convertido en seña de identidad de Katie O’Neill, la diversidad y la inclusividad en diferentes ámbitos se presenta de manera totalmente orgánica en la historia, sin hacer hincapié en sus distinciones ni convirtiéndolo en su tema principal, como era el caso de Érase una vez dos princesas. Resulta especialmente instructivo, en esta ocasión, el personaje secundario de Lesa, la cocinera del pueblo, que es sordomuda y todo el mundo se comunica con ella con lenguaje de signos, algo totalmente interiorizado por los habitantes. El arte de O’Neill, que vuelve a destacar especialmente en el apartado del color, se muestra igual de atractivo y adorable que en obras anteriores, aunque con una mayor expresividad y atención al detalle, así como fluidez narrativa. Ningún otro libro de Katie O’Neill ha lucido tan hermoso como éste.

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Esta belleza en las páginas, así como la ligereza de su narración, invitan a la relectura, especialmente a los más pequeños, a quienes mayor beneficio puede traer. El mensaje que quiere enviar O’Neill en esta ocasión, explicitado al final casi a modo de moraleja (no olvidemos el carácter fabulístico de estas historias), es que debes creer en aquello que te apasiona, aunque te parezca fácil o inútil, porque es posible que, pese a que no nos suponga un gran esfuerzo, estés ayudando a otras personas para quienes es imposible hacerlo y tú se lo estás facilitando. Haz lo que mejor se te da, disfrútalo y compártelo con la gente que te importa; te lo agradecerán, de un modo u otro.

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The Tea Dragon Festival,

de Katie O’Neill
Oni Press

Contenido:
The Tea Dragon Festival (Oni Press, 2019)

Cartoné. 136 páginas. $21.99.
Desde el 17/09/2019.


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