«No me creas cruel porque obedezca a la ley irresistible de mi fuerza y mi debilidad. Si tu querido corazón está herido, mi corazón turbulento sangra junto al tuyo. En el éxtasis de mi enorme humillación, yo vivo en tu cálida vida, y tú morirás… morirás dulcemente… en la mía.»

Sheridan Le Fanu, Carmilla (1872)

Uno de los aspectos más atractivos de la mitología vampírica es el carácter sexual de esa comunión de sangre y colmillos. La seducción de lo desconocido, la tentación de lo oculto, la bestia que muestra su rostro cuando cedemos el control a la carne… Sin embargo, el sexo en las historias de vampiros se percibe con demasiada frecuencia como una agresión, una conquista del monstruo sobre la voluntad de la víctima, que no puede hacer nada más que rendirse a un deseo antes reprimido y ahora desatado. Pero… ¿y si la víctima se coloca en una posición de iguales y es su voluntad la que acaba cobrando protagonismo? ¿Y si esa bestia interior atraviesa nuestra última puerta y toma el control sobre el monstruo?

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Aunque más conocida por su adaptación del Cuéntalo de Laurie Halse Anderson, la artista Emily Carroll se ha especializado en el terror en sus obras de creación propia, siendo la más destacada Cruzando el bosque. Alejándose de la (necesaria) reivindicación de la obra de Anderson, en When I Arrived at the Castle la autora abraza de nuevo lo oscuro y grotesco… pero ahora con un matiz erótico, con una protagonista felina que llega al castillo de una atractiva y cautivadora mujer con la intención de acabar con su vida. Es aquí donde entra el mito del vampiro: muchas otras personas han intentado destruir al monstruo que encarna esta mujer, pero todas han sucumbido a la bestia… ¿hasta ahora?

Tomando como referentes para la ambientación gótica de terror vampírico al evidente Drácula de Bram Stoker, aquí con el matiz lésbico de la Carmilla de Sheridan Le Fanu, Carroll coloca a una aparentemente inocente protagonista en la posición inicial de inferioridad de la víctima vampírica. En un castillo que late, que grita y se retuerce, que la somete a su anfritriona, como un Jonathan Harker con una misión bien distinta. Las paredes que observan, el laberinto de estancias rodeadas de cuadros que sospechan, el frío que no se despega de la piel, los sonidos que chirrían o atruenan las habitaciones… El monstruo rodea a la protagonista desde todos los ángulos, pequeña en su blanca pureza, rodeada de tintas de negro ensombrecedor y de palabras que sangran en rojo sobre la página.

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Y, sin embargo, es imposible negarse a las pulsiones que suscita la criatura, al pequeño refugio de calor que borbotea en el pecho, que se licua entre las piernas con cada palabra susurrada a través de esos colmillos humedecidos por una lengua juguetona… Pero no, la protagonista tiene una misión, y es una misión conocida por su presa. Un juego de cazadoras que cuenta con la ventaja del terreno por parte de la irresistible vampira, ya que el castillo opresivo toma un papel más activo en el ecuador del relato con Carroll empujando a la recién llegada a las entrañas del escenario.

Empleando el recurso de la ambigua enormidad del espacio, la autora aprovecha el viaje onírico de la protagonista a través de innumerables puertas para realizar un juego metanarrativo que explora la naturaleza de los cuentos antiguos y de su folklore mediante páginas sangrantes y repletas estrictamente de texto. No obstante, las historias que relata tienen todas un curioso nexo en común: un gato que precipita el final del relato. En la tradición folklórica, y más con elementos terroríficos, la figura del gato tiende a ser inteligente, sabiendo más que el resto de personajes, así que no es casual la decisión de Carroll al incluirlo en estos cuentos… o al darle el aspecto de un felino antropomórfico a la protagonista.

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En definitiva, esta última obra de Emily Carroll vuelve a hacer gala de todas sus virtudes, tanto en lo gráfico con unas páginas que se mueven de manera orgánica entre la literatura, el cómic y el cuento ilustrado, como en lo narrativo, plasmando una atmósfera tan sobrecogedora como seductora y empleando un ritmo que hace que te bebas las páginas como la sangre de un delicado cuello. Una mezcla perfecta de horror y erotismo que se adscribe a la mitología y lugares comunes del vampirismo, sin inventar nada nuevo, pero aportando suficiente personalidad como para fabricar una lectura única y cautivadora que nos remueve por dentro (y nos arrastra hacia lo profundo).


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La noche que llegué al castillo
,
de Emily Carroll
Sapristi / Roca Libros

Contenido:
When I arrived at the castle (Koyama Press, 2019)

Rústica. 72 páginas. 16.90€.
Desde el 14/11/2019.


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