“Toma a un hombre mortal / y ponlo en control.
Míralo convertirse en un dios. / Mira las cabezas rodar…”

Megadeth, “Symphony of Destruction” (Countdown to Extinction, 1992)

Quien haya experimentado la pérdida de alguien cercano, especialmente cuando la persona era de edad avanzada, estará familiarizado con esos últimos días de la convalecencia en los que parece que la mejoría es notable e incluso la recuperación es posible porque las fuerzas retornan y las sonrisas y hasta los chascarrillos brotan de su boca. Se retrasa lo inevitable, pero permite una despedida más digna que nos ayuda a recordar los buenos tiempos. God Country recoge ese tipo de despedidas… y las nutre de energía cósmica y divinidades espaciales.

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Un espadón digno de la Matadragones de Berserk. Unos dioses que emanan la energía de Jack Kirby. Y un anciano en los últimos años de su vida, carcomido por la demencia y poniendo en peligro la estabilidad de la familia de su hijo. Cuando estos tres elementos chocan en una gran explosión al sur de Estados Unidos, arranca la primera miniserie para Image Comics de la estrella ascendente del cómic USA, Donny Cates, cuya contraportada clasifica la obra en el subgénero (?) de la “fantasía épica texana de batalla”. ¡Arrodillaos ante el portador de Valofax, el Dios de las Espadas!

Sin embargo, esto no es (solo) una epopeya cósmica con olor sureño. Como ya hemos dicho, el guionista Cates, de la mano del dibujante Geoff Shaw, su acompañante en Thanos vence, y del colorista Jason Wordie, que opta por una paleta variada pero de tonos apagados, hunde la raíz de su historia en lo humano, no en lo divino. El protagonista, Emmett Quinlan, viudo y padre más que imperfecto, recupera la cordura al entrar en contacto con la espada Valofax, convirtiéndolo prácticamente en un semidiós. ¿La pega? En el momento en que deje de empuñarla regresará a una enfermedad que le había alejado de la realidad y de su propia conciencia.

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Así pues, Valofax es una espada de doble filo, literal y figuradamente, como la propia trama, que encabalga la acción fantástica con el drama familiar mientras el hijo de Emmett y su esposa afrontan la enfermedad del anciano y los cambios que experimenta mientras recuerda el nombre de su pequeña nieta. Con Emmett empoderado por el arma y el control sobre su propio destino, el viaje al espacio para enfrentarse a un dios tiránico que se niega a dejar caer su milenario imperio galáctico servirá para que Cates explore la recuperación de los recuerdos y el dolor de la pérdida en la vida del protagonista.

Y es que, sin ser precisamente sutil, el guionista texano plantea un evidente paralelismo entre villano y antagonista, en el rechazo a aceptar la derrota y su propio final, bien encarnado en un ya anacrónico y ruinoso Reino Eterno, o bien en una vida cuyos mejores años quedaron atrás. Decisiones complejas y dolorosos reencuentros fugaces se intercalan con mandobles todopoderosos e improperios castizos para luchar por el alma de un texano y el legado que dejaría en la Tierra.

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Siendo probablemente la obra independiente más accesible de Donny Cates (no en vano está escribiendo ya el guión de su adaptación cinematográfica), God Country confirmó su pasión por obras tal vez más superheroicas y mainstream, lo cual le valió la entrada en Marvel donde sigue cosechando, en general, las mismas críticas entusiastas que en sus comienzos en editoriales como Dark Horse. El equipo que conforma con Geoff Shaw funciona a la perfección para entregar una épica sucia en la que prima el entretenimiento sobre el poso, si bien no se olvida de contar algo, por simple que sea. Con una clara vinculación personal, la fantasía texana de Emmett Quinlan es una carta de amor a la familia y sus imperfecciones asumibles.

“La tierra comienza a temblar, / los poderes del mundo caen.

Guerreando por los cielos, / un hombre pacífico se mantiene en pie…”


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God Country
,
de Donny Cates, Geoff Shaw y Jason Wordie
Panini Comics

Contenido:
God Country #1-6 (Image Comics, 2017)

Cartoné. 184 páginas. 20€
Desde el 28/02/2019.


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