#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.


Estímulo: ALIVIO
Obra: Estamos todas bien, de Ana Penyas
Motivo: Por esa exclamación final de una de las abuelas de Ana Penyas, que resume tanto respecto a una forma de pensar y sentir y a una extraña interpretación de la sororidad a través de la “representación” de sus realidades cercanas en la televisión, Estamos todas bien.


¿Cómo llega una obra que consiste en una breve biografía intrascendente de las dos abuelas de una autora a ganar el Premio Nacional del Cómic? Es más, ¿cómo llega a publicarse un tebeo con semejante premisa cuando, aparentemente, no existe un target comercial al que dirigir esa temática? La respuesta es sencilla, o al menos una de las que podríamos dar a esas preguntas lo es. Y es que Estamos todas bien es mucho más que la vida de dos ancianas con vidas paralelas pero divergentes, y el público al que va dirigido es, simplemente, universal, como las historias de amor. Sin embargo, «historias de amor hay muchas, pero de abuelas no», así que Ana Penyas aborda su opera prima desde lo ocultado, lo no dicho, lo intrascendente relevante.

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De entrada, lo primero que destaca y sorprende es la narración en dos tiempos, con un empleo abrupto pero efectivo del flashback, cuya aparición deviene en emotivos paralelismos con el presente. Así, del pasado de ambas mujeres extraemos dos orígenes muy distintos que nos retrotraen a los años de posguerra y dictadura franquista donde ambas mujeres, desde el pueblo y la ciudad, se cargaron con todo la responsabilidad y el espacio que se les permitió, reclamando su espacio dentro y fuera del hogar.

Y entre episodios de obligada sumisión, pequeñas victorias de autoridad, o recobradas libertades por su propia mano en el pasado, contemplamos los pesares cotidianos de la vejez, las competitivas enumeraciones de achaques y las nostalgias quejumbrosas por las necesidades y las ausencias. En ese espacio, las visitas representan un escape de la rutina, las reuniones en la calle resultan en recuento de tropas (y caídos), y la televisión («el programa») es una rutina escapista, pero también un espejo retorcidamente reconfortante.

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En el fondo sí que era una historia de amor. O un gesto, un recordatorio de la presencia de las abuelas en nuestras vidas. Esas mujeres que, al menos en el caso de España, no han tenido muchas facilidades para salir adelante con conciencia de su propia identidad. Pero siguen ahí, siguen sintiendo y son a menudo arrolladas por el ritmo de vida de sus descendientes que, inconscientemente, las acaban dejando de lado. Por eso son importantes para ellas los detalles que consideramos intrascendentes, pero que les recuerdan que «Estamos todas bien». Y por eso es importante para todo el mundo que se publique (y se premie) una historia de abuelas.

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Estamos todas bien
,
de Ana Penyas
Salamandra Graphic

Cartoné. 112 páginas. 17€. Desde el 07/11/2017.


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