—¿Sabes lo que son los halcones abejeros?
—¿Alguna clase de pájaros?
—Sí, unos muy raros… que sobreviven empezando de nuevo.

―Aimée de Jongh, De terugkeer van de wespendief

 

Aprender a dejar atrás el pasado. Aceptar los errores cometidos como el barro que moldea la persona que somos hoy. Abrir el camino a la persona que queremos ser. Volver a empezar, aunque duela…

Tenía otra lectura pensada como la primera de este año 2018, pero el día 1 de enero me puse a hojear este debut en la historieta de la animadora Aimée de Jongh (que adquirí en previsión a la Heroes ComicCon de Valencia que empieza hoy y donde ella está invitada) y ya no pude parar. Fue un giro inesperado de ese destino en el que no creo porque, en un año en el que tocaba hacer borrón y cuenta nueva de un 2017 desafortunado en muchos aspectos, resultó que el tema de fondo era precisamente ese: el reto personal que supone romper con el pasado y estar preparado para empezar desde cero una nueva etapa, por doloroso que pueda resultar.

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La historia arranca con Simon y Laura, una pareja que está pasando por problemas económicos debido al traspaso de la librería en la que trabajan, heredada del padre de él, y relegada a liquidar el stock acumulado. Los libros están almacenados en una cabaña en el bosque que Simon visita con frecuencia para reabastecer el negocio y que ya está casi vacía, con los pocos libros restantes despertando recuerdos sepultados en la mente del protagonista.

A través de estos largos viajes se nos van descubriendo los problemas del matrimonio más allá de los económicos, si bien parten de la negativa de Simon a vender el negocio a una cadena, prefiriendo cerrar el local conservando el espíritu familiar. Esta propuesta sensata de su mujer provoca la aparición de la primera grieta en la fachada emocional de Simon: hay algo en su pasado a lo que no está dispuesto a renunciar, pero no es algo agradable, sino un poderoso sentimiento de culpa que considera que debe atormentarle siempre. Pero esto lo descubrimos a raíz de un nuevo suceso traumático con el que se topa fortuitamente.

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A partir de ese momento, la narración va a empezar a intercalarse con episodios de la infancia de Simon, coprotagonizados por su mejor amigo Ralf, un niño aficionado a las armas y la memorabilia bélica. Compañeros inseparables, la lealtad del protagonista se vería probada cuando se convirtió, a petición suya, en cómplice de la ocultación a sus padres del abuso constante que sufría Ralf en la escuela. Así, mientras en el presente trata de afrontar como puede las consecuencias de lo que acaba de vivir, en el pasado asistiremos, silenciosos, al progresivo endurecimiento y pérdida de la inocencia de su amigo.

Por supuesto, ambos relatos van a converger temáticamente, en tanto que una pregunta clara flota en la mente de Simon como lo hace en el alma de la propia novela y en el discurrir de una lectura que es imposible abandonar hasta que haya tocado a su fin. “¿Qué podría haber hecho yo y no hice para cambiar lo ocurrido?”. Ése es el leitmotiv de la culpa que mancha (con unas poderosas y expresivas tintas de De Jongh) la confianza y estabilidad del protagonista. Ese arrepentimiento que todos hemos vivido en alguna ocasión respecto a acciones o decisiones que tomamos en el pasado y que, de algún modo, todavía repercuten en nuestro presente. La mayor parte de las veces nos arrepentimos sólo cuando lo recordamos, pero hay experiencias difíciles de olvidar y que marcan tu día a día.

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Una vez que se establece la estructura del relato, De Jongh plantea diferentes mecanismos de defensa para Simon y su manera de afrontar su nueva situación, mientras el pasado y la culpa lo taladran a diario. El progresivo distanciamiento de su mujer y su dificultad para superar el estrés postraumático le llevan a multiplicar los viajes a la cabaña y a aumentar el tiempo que pasa allí, mientras los lectores asistimos al desmoronamiento y reconstrucción de su estabilidad emocional. Todo ello perfectamente reflejado por las espléndidas dotes expresivas de la autora.

Y es que, si ya hemos mencionado la fuerza y potencial del entintado de De Jongh, no se puede pasar por alto la capacidad expresiva de sus lápices, con esas miradas tan tremendamente humanas, esos gestos y movimientos tan fluidos y naturales, esas arrugas, pliegues y sombras astutamente seleccionadas para incluir en cada viñeta el grado justo de información visual. Es más que evidente la formación de la autora en animación, especialmente en la fluidez narrativa de sus transiciones, con total libertad para composiciones de página muy variadas que aprovechan el espacio a voluntad, e incluso se permiten sorprender en más de una ocasión.

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Sea como fuere, la carga dramática y lo peligroso de mirar al abismo (sin saber si éste te devolverá la mirada) no empañan el mensaje claramente optimista que su autora quiere transmitir. Decíamos al comienzo que saber decir adiós, desconectar para siempre elementos del pasado que nos han marcado, para bien o para mal, puede resultar doloroso e incluso traumático, pero la metáfora que da título a la obra con las líneas que introducían esta reseña deja clara su naturaleza terapéutica.

Del mismo modo que para sacar adelante una enfermedad grave puede ser necesario amputar o extirpar un órgano, hay emociones y recuerdos de los que es necesario deshacernos para poder aspirar a una vida mejor. La lectura de esta obra bien puede funcionar como un espejo que ayude a dar el primer paso.


9781910856482

El regreso del halcón abejero,
de Aimée de Jongh
Ponent Mon

Contenido:
De terugkeer van de wespendief
(Oog & Blik / De Bezige Bij, 2014)

Tapa dura. 160 páginas. 18€.
Desde el 16/06/2016.


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