La revista de cómics Amazing Fantasy (recientemente reeditada en España en la línea Marvel Limited Edition) era un contenedor de historias increíbles de ciencia-ficción y, obviamente, fantasía, publicada entre 1961 y 1962. Pero sólo fue conocida por ese nombre en su número #15. Antes fue Amazing Adventures (#1-6) y Amazing Adult Fantasy (#7-14), nombre que tuvo que suprimir el adjetivo intermedio debido a que sus jóvenes lectores se sentían incómodos al comprar una revista que se anunciaba como “fantasía para adultos” en plenos años 60. Así, bajo el título de Amazing Fantasy, la cabecera apenas duraría aquel número #15, para ser inmediatamente relanzada como… ¡The Amazing Spider-Man!

utkuja6En las 10 últimas páginas (y la portada) de ese Amazing Fantasy #15 los lectores descubrirían la primera aparición de un héroe arácnido, relatando unos orígenes que, salvo que acabéis de nacer o seáis ermitaños o amish, conoceréis de memoria: una araña radioactiva picó al adolescente Peter Parker otorgándole la fuerza proporcional de una araña y sus habilidades, tales como la capacidad de adherirse a cualquier superficie o la agilidad para mantenerse en equilibrio en superficies imposibles. Obviando, acertadamente, el poder de tejer redes con el culo, el joven añadiría unos lanzarredes de su invención con los que desplazarse rápidamente por la ciudad.

Este era el nacimiento de un superhéroe que, sin presentar un set de habilidades especialmente novedoso, cautivó a los lectores con un colorido y original traje y un factor determinante: el protagonista podía haber sido cualquiera de sus lectores; un estudiante marginado que, por un accidente aparentemente trivial, se convertiría de la noche a la mañana en un icono, un superhéroe… con las preocupaciones e inquietudes de un adolescente. El guionista y editor en jefe de Marvel, Stan Lee, y el dibujante de relatos fantásticos y de terror, Steve Ditko, comenzaron así a hacer Historia.

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El primer enemigo al que tuvo que enfrentarse en esta etapa inicial nuestro amigo y vecino Spiderman fueron las deudas: sin la presencia del malogrado tío Ben, la tía May sufría para pagar las facturas y costear los estudios de Peter. A raíz de esto, en la primera historia de la mítica cabecera The Amazing Spider-Man, que constaba de dos relatos breves, se nos presentaba al secundario y pseudovillano más famoso del Trepamuros: J. Jonah Jameson, editor del periódico Daily Bugle (entre otras publicaciones, en estos comienzos) y padre del piloto de pruebas (futuro astronauta) John Jameson, al que Spidey salvaría en esta primera aventura. Por supuesto, para desgracia del héroe, el viejo Jameson le acusaría de provocar el incidente y así comenzaría su histórica cruzada contra la “amenaza” de Spiderman.

Sin embargo, en un ejercicio de ironía o justicia poética, Lee y Ditko convertirían a Jameson en la solución parcial a los problemas de la identidad civil de su archienemigo: Peter Parker (o Palmer, según una errata en la segunda historia de aquel número #1) se convertiría en fotógrafo freelance para el Daily Bugle, obteniendo las mejores fotografías de Spiderman que podían encontrarse.

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Y si los neoyorquinos aún no sabían qué pensar de Spiderman, tampoco lo sabían sus creadores y, por ende, sus lectores. Los dos primeros números, que aún tomaban la estructura de dos historias cortas divididas en partes en cada grapa, estuvieron dedicados a sentar las bases del arácnido al tiempo que iban haciendo pruebas con el tono en el que fijar al personaje.

Esto puede apreciarse en la variedad de temas que trataron aquellos cuatro relatos: la presentación pública (y difamación) del héroe; un villano, el Camaleón, ligado a la actualidad política del país, robando secretos para entregarlos a los comunistas del Telón de Acero (submarino soviético incluido); otro más, el Buitre, siguiendo la estructura de enemigos relacionados con poderes del reino animal, aunque sus motivaciones aún son inexistentes (robar joyas); y una amenaza tratada de manera incomprensible, cuando se presenta al Chapucero (Tinkerer) colaborando con alienígenas, siendo la reacción de Peter completamente anómala por su tranquilidad ante semejante revelación (¡invasores del espacio exterior, por favor!).

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Espías, gangsters, ciencia-ficción… En ese momento todo valía, pero el tono no era homogéneo, incluso dentro de una misma entrega: Spidey se presentaba ante los Cuatro Fantásticos en el mismo número en que interceptaba al espía soviético; el sentido arácnido (primero “instinto arácnido”) era presentado como un auténtico deus ex machina capaz de predecir acciones ni siquiera relacionadas con la situación presente. Todo parecía indicar que la gran idea inicial de convertir al héroe en un estudiante adolescente se iba diluyendo para convertirse en otro tipo con mallas, pero con problemas de dinero.

Afortunadamente, con la llegada de las historias unitarias a partir del tercer número, Spiderman echó raíces. El interés de los lectores (auténtico juez y jurado de los contenidos en aquella época) por las aventuras de Peter Parker había quedado probado con la llegada de las primeras cartas de reacción a su primer número. Era el momento de echar toda la carne en el asador, aplicando la máxima de todo superhéroe que se precie: por sus enemigos lo conocerás. Así, en ese The Amazing Spider-Man #3 comenzaría realmente a presentarse la galería de villanos más rica y variada del mundo del cómic (con permiso de Batman) con la llegada de su primer archienemigo: el profesor Otto Octavius, alias Doctor Octopus (que en España tuvieron el acierto de NO traducir). En esta segunda etapa en la que las historias empezaban a abarcar la grapa completa se sumarían a Doc Ock villanos clásicos como el Hombre de Arena o el Lagarto, al que se le sumaría una visita del villano fantástico Doctor Muerte.

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Y no será ésta la única conexión que tendría Peter con los Cuatro Fantásticos en esta primera etapa. Si ya en la historia complementaria del primer número visitaba a la Primera Familia de Marvel en busca de un puesto de trabajo para pagar las deudas (redibujado brevemente por Jack Kirby para el annual de The Fantastic Four), es precisamente tras la derrota contra el Doctor Octopus cuando una conferencia motivacional del también adolescente Johnny Storm, aka. Antorcha Humana, le dará la confianza para derrotar a Octavius. Esta pasión por unir a los dos jóvenes héroes sería explotada en numerosas ocasiones, como en el annual de la entonces cabecera propia de la Antorcha, Strange Tales, donde un camaleónico ladrón haría creer a la opinión pública que Spidey había cometido un robo. Esto provocaría el clásico enfrentamiento entre superhéroes que deriva en alianza y captura del auténtico villano.

Y es que, como decía antes, el factor adolescente del protagonista lo convertía en un personaje diferente a los grandes héroes de la época, y Lee y Ditko supieron explotarlo maravillosamente incluyendo el instituto de Midtown como escenario recurrente. Esto propiciaría la llegada de secundarios como Flash Thompson, “archienemigo” de Peter pero fan fatal de Spiderman (continuando el juego de ironías iniciado con Jameson), o Liz Allan, una de las dos primeras mujeres en la vida de Peter junto a Betty Brandt, secretaria en el Daily Bugle. A raíz de esta presencia femenina, Lee sumaría su experiencia en historietas de romance con el talento para el terror fantástico de Steve Ditko, una mezcla explosiva que atraería a miles de chicos y chicas al cómic.

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Al conjunto se sumaba, ya desde el origen del héroe, la ciencia-ficción imposible que empezó a dominar el cine desde los años 50 a raíz de la posguerra mundial y el pánico nuclear. Así, además de la araña radioactiva, tuvimos el accidente de laboratorio que fusionó los brazos mecánicos al cuerpo de Otto Octavius, la explosión atómica en el terreno de pruebas que transformó al criminal fugado Flint Marko en Hulk el Hombre de Arena, o la fórmula química reparadora de tejidos que convertiría al doctor Curtis Connors en el terrible Lagarto. Con este último ingrediente y las primeras dudas de Peter sobre si merecía la pena ser temido y odiado mientras hacía lo que creía correcto, The Amazing Spider-Man había encontrado su tono y una base sólida sobre la que impulsar sus futuras historias… O no.

Con “El regreso del Buitre” en el número #7, primer retorno de un villano presentado en la serie, la cabecera arácnida volvió a las prácticas dudosas y la incoherencia tonal de los comienzos, quizá de forma más flagrante. A un lado podemos dejar el mencionado exceso de deus ex machina proporcionado por el sentido arácnido, o los múltiples nuevos usos del lanzarredes, como fabricar paracaídas, alas con las que planear (que no utiliza contra el Buitre) o… ¡un murciélago gigante! Y es que no sólo volvimos por un número (el #8) a las historias dobles que diluían la fuerza de los relatos completos de números anteriores, sino que además en una de ellas se nos mostraba a un Spidey abusón colándose en una fiesta de la Antorcha sin razón aparente: un mero reclamo publicitario para incluir de nuevo un cameo de los Cuatro Fantásticos (¿y regalar un corazón de telaraña a Sue Storm?).

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Pero el principal pecado fue la creación de unos villanos que, bien por su concepto, bien por su apariencia, resultaban incomprensibles con el tono planteado. El único, quizá, coherente con lo anterior fue el Cerebro Viviente, un robot descontrolado que causó estragos en el instituto. A cambio tuvimos el horrible diseño de Electro (indigno de Steve Ditko), el enésimo cretino que adquiría poderes y se transformaba en un ladrón de poca monta que, por alguna extraña razón, decidía ponerse una estrella de rayos en la cara para “disfrazarse”. Afortunadamente, la calidad de esta historia no iba acorde con su apariencia.

Sin embargo, los que se llevan la palma en cuanto a diseño inexplicable para enfrentarse a un hombre-araña son los Forzadores (poco inspirada traducción de “The Enforcers”), liderados por el único con carisma entre ellos, el enigmático Gran Hombre, que oculta su identidad tras su máscara. Los demás integrantes son Fancy Dan, un tipo bajito pero ágil que además es cinturón negro de Judo; Buey, el bruto del grupo; y Montana, un tópico texano andante que maneja un lazo de ganado. ¿Qué tiene esto que ver con un adolescente picado por una araña radioactiva? Nada de nada. No hay relación animal (¿Buey?) ni científica. Criminales clásicos de los bajos fondos que podrían haber aparecido en las aventuras de cualquier otro héroe callejero.

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De todos modos, tampoco pretendo crucificar estos cómics por malas decisiones puntuales de sus creadores, dado que, en general, el nivel y la complejidad de las historias era cada vez mayor. Exceptuando detalles como que el motivo para la pelea entre Flash y Peter del #8 sea que un profesor les obligue a luchar en un combate de boxeo para resolver sus diferencias (?!), o la mencionada historia de complemento con Spiderman estropeando la fiesta de Johnny Storm, el resto de números son más que notables. A destacar, el regreso del Buitre dejándonos a un Spidey enfrentándose a él durante todo el número con el brazo en cabestrillo, el creciente romance entre Betty y Peter, que aún no pasa de las palabras y las dudas, las demostraciones de poder de Electro, o el misterio de la identidad del Gran Hombre. Un traspié cuestionable en el arranque de esta etapa mítica rápidamente solucionado al recurrir de nuevo al ingenio para ampliar y solidificar su galería de villanos.

Apropiadamente, el número #11 se titula “Punto de inflexión” (o así debería haberse traducido “Turning Point”; en España se optó por “Momento crucial”). Con el regreso del Doctor Octopus se plantaba la semilla definitiva para establecer al que sería el primer grupo de súper-villanos al que se enfrentaría Spiderman: los Seis Siniestros. Se estrenaron en el magnífico primer annual de la colección como un equipo (cuestionablemente) liderado por Octavius. Pero antes había que presentar a los dos últimos integrantes: Mysterio y Kraven el Cazador.

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Las habilidades de Steve Ditko, a raíz de la explotación creativa en Marvel, mejoraron de forma considerable; algo que quedó patente en los nuevos diseños tras el anterior bache, empezando por Quentin Beck, el especialista de cine en efectos especiales convertido en el villano Mysterio. Su apariencia y “poderes” permitieron a Ditko llevar a su terreno extraño-fantástico el enfrentamiento con Spiderman (guest-starring: la Spider-escafandra de red), luchando en un estudio cinematográfico lleno de falsos escenarios y cachivaches, algo que ya había probado en su último encuentro con Octopus en un museo repleto de imponentes estatuas. Ditko parecía encontrarse en su mejor momento.

Y de este momento surgió también la breve aparición, con guiños hacia el futuro, del otro archienemigo de Spiderman: el Duende Verde. Sin identidad conocida (*ahem, ahem*), Lee y Ditko jugarían al despiste durante toda su etapa, dejándonos miguitas de pan a lo largo de toda la etapa del dibujante y presentándonos su verdadera identidad ya con John Romita en los lápices. Pero el diseño de Ditko se mantuvo, y es que la extrañamente terrorífica máscara del Duende y su conjunto de ingenios ad hoc lo hacían un interesante villano con potencial para el Trepamuros, diferente a todos los demás. Por desgracia, no sería en esta historia donde brillaría, aliándose con unos Forzadores sin líder (*sigh*) y pisándole el tercer acto un Hulk que se presentaba fortuitamente en la serie para promocionar su propio cómic alimentar la sensación de universo compartido.

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Dejando a un lado al Duende, la última pieza del puzzle de los Seis Siniestros era la imponente figura de Kraven el Cazador, atraído a Nueva York por el Camaleón bajo la promesa de cazar al Hombre-Araña, un reto que el hombre que ha cazado con sus manos a toda bestia que ha encontrado en su camino no puede rechazar. Paralelamente, dará comienzo la “guerra fría” entre Betty Brandt y Liz Allan por el corazón de Peter, pero una vez más el resultado será que “Petey” quedará a dos velas.

El enfrentamiento entre el Cazador y su presa termina con el Camaleón y Kraven siendo deportados a Sudamérica (por alguna razón que se me escapa), pero con la promesa de este último de entrenarse y, cuando esté preparado, regresar para enfrentarse de nuevo a Spiderman…

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El prometido retorno de Kraven no se hizo esperar: al ser encarcelado, el Doctor Octopus fue operado para evitar que se fugase empleando sus brazos mecánicos, definitivamente extirpados. Lo que los cirujanos (y los lectores) desconocían es que Octavius había creado un vínculo mental con los brazos, que no tardarían en ayudarle a escapar. Recién fugado, convocaría a Kraven, Mysterio, Electro, el Hombre de Arena y el Buitre para urdir un plan con el cual, trabajando juntos, acabarían derrotando al Cabeza de Red. Semejante plantel de villanos requería de una especial dedicación por parte de Steve Ditko, ¡y vaya si el dibujante cumplió!

La batalla de egos villanescos en que se convirtió la primera encarnación de estos Seis Siniestros se saldó con la decisión de que todos atacarían individualmente a Spidey, en un orden escogido sacando papeletas, con el objetivo de dejarle exhausto hasta que cayera derrotado. Por supuesto, la incapacidad para trabajar en equipo y el repetir el error de atacar uno por uno a un Spidey que había ido creciendo y aprendiendo desde sus diferentes encuentros anteriores, acabaría siendo la perdición del grupo.

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Aunque todos tuvieron su momento de gloria, y así fue como Ditko quiso retratarlo, otorgándoles las primeras splash-page de la cabecera, una para cada villano y completamente integradas en la narración (nada de pin-up aleatorios). Por supuesto, tanto para el lector de la época como para el actual (sí, tan buenas son), la repentina aparición de tan espectaculares viñetas, con un Steve Ditko en estado de gracia, dejaba los ojos clavados a la página, admirando los lápices del artista en todo su esplendor.

El encuentro de Spidey con cada uno de ellos nunca había brillado tanto, algo que supondría un punto y aparte en el devenir de la serie, que después del épico combate traía varios complementos: una galería de pin-ups con fichas individuales de cada uno de los villanos a los que se había enfrentado Spidey hasta ahora, así como los secundarios, los invitados y los escenarios recurrentes de la serie; una explicación paso a paso de los poderes de Spidey en “Los Secretos de Spiderman”; y una pequeña joya de tres páginas titulada “Cómo Stan Lee y Steve Ditko crean Spiderman”, donde se dramatizaba el proceso creativo de la serie (y ya se intuía que Ditko tenía un horario de trabajo de 25 horas diarias).

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Tras un número que, según los estándares actuales, sería “de relleno”, con el clásico formato team-up donde Matt Murdock, aka. Dan Defensor Daredevil asistía a un espectáculo de circo que no era tal, con la troupe del villano Jefe de Pista hipnotizando y robando a la audiencia, llegaría un momento clave en la vida de Spiderman: la tía May enfermaba gravemente y Peter no podía permitirse vestir las mallas y arriesgar su vida estando ella convaleciente.

ydiwrplEste factor, desconocido para sus enemigos, daría alas al rumor que J. Jonah Jameson llevaba extendiendo desde el principio: Spiderman no es ningún héroe. Y es que las malas noticias le llegarían a Peter Parker durante un enfrentamiento con el retornado Duende Verde, provocando su inevitable huida, rumbo al hospital. Humillado como un cobarde a ojos de todos los asistentes a tal evento (irónicamente, la inauguración del Club de Fans de Spiderman), entre ellos Jameson, la opinión pública no tardaría en juzgarle, bilis del Daily Bugle mediante. Como desahogo cómico, el nuevo status quo nos regalaría una sonrisa perenne en el rostro de Jonah, para incomodidad de sus empleados e inevitable carcajada de los lectores.

Para sorpresa de Peter, las palabras de aliento que le llevarían a retomar el manto a pesar de todo vendrán de boca de la tía May que, instando a su sobrino a no preocuparse tanto por ella, le hace ver que incluso cuando vienen mal dadas hay que encontrar la fuerza para levantarse, para no amilanarse ante la adversidad. Y así, con actos, Spiderman borraría de un plumazo su nueva y no merecida reputación al tiempo que lo hacía la sonrisa de Jameson. El héroe había regresado.

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Así llegamos al ecuador de la etapa de Steve Ditko junto a Stan Lee en la cabecera arácnida, 600 páginas y dos años de historias después. Esta semana llega a nuestras pantallas el retorno de Spiderman al universo que le vio nacer en los cómics y que hasta ahora se le había escapado en el cine. Y aunque no es recomendable que los no-iniciados se lancen a por etapas clásicas, quien esté familiarizado con obras que requieren de una contextualización histórica y asuma y entienda que hace más de 50 años de la publicación de estos tebeos no debería tener mayor problema en acercarse al origen de uno de los personajes más icónicos de la Historia de las viñetas.


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Marvel Gold. El Asombroso Spiderman, Vol. 1:
¡Poder y responsabilidad!,

de Stan Lee, Steve Ditko y Jack Kirby
Marvel Comics / Panini Comics

Contenido: Amazing Fantasy #15, The Amazing Spider-Man #1-19-Annual #1, Strange Tales Annual #1, The Fantastic Four Annual #1 (1962-1964)

Tapa dura. 600 páginas. 39.95€. Desde el 21/04/2014.