En ocasiones, las editoriales de cómic de superhéroes se proponen ejercicios de responsabilidad para tratar con más claridad y profundidad temas de interés social. Uno de los ejemplos paradigmáticos proviene de la alegoría (poco) velada de los mutantes y la Patrulla-X como “temidos y odiados” por pertenecer a una minoría genética que el ser humano percibe como una amenaza. A lo largo de su historia han servido como espejo de la xenofobia, la homofobia y todo tipo de ejemplos de intolerancia con reflejo en el mundo real.

En un principio, el mensaje no era enviado de una manera tan clara, tratando de venderse a un público joven con ansias de nuevos superhéroes. Se buscaba la identificación con lo diferente y, del mismo modo que muchos niños soñaron en mi infancia con que al llegar la adolescencia una carta los emplazara al andén 9 y 3/4 de la estación de King’s Cross, rumbo a la Escuela de Magia y Hechicería de Hogwarts, lo que Stan Lee y Jack Kirby presentaban era un grupo de jóvenes que manifestaban extraños poderes al alcanzar la adolescencia. Aun con la esperanza de que los niños de la época quisieran ponerse del lado de los marginados, esto era, ante todo, un tebeo de superhéroes, así que su gran villano no representaría a esa mayoría social que los rechazaba, sino que era uno de los suyos, todo lo que suponía ser mutante en un mundo intolerante, pero dando la vuelta a ese prisma de intolerancia.

kriregt

Así nace Magneto, el Amo del Magnetismo, un villano de opereta de apariencia imponente y maneras grandilocuentes que sostenía que los mutantes eran Homo Superior, la evolución natural del ser humano y, por tanto, los legítimos herederos del planeta. Este personaje habría envejecido tan mal como los conceptos que le rodeaban (sus secuaces se englobaban en la Hermandad de Mutantes Diabólicos, que era incluso más absurdamente maniquea en su nombre original, “Brotherhood of Evil Mutants”) de no ser por Chris Claremont, el guionista que convirtió a la Patrulla-X en la franquicia de éxito que hoy conocemos.

Con fecha de portada de octubre de 1981, dieciocho años después del debut del villano y los mutantes en 1963, se publicaba el X-Men #150, titulado “Yo, Magneto”. En él, el malvado mutante lanzaba un ultimátum a los gobiernos del mundo: cederle el control político total sobre el planeta o ser exterminados utilizando el armamento nuclear de las diferentes potencias contra sí mismas. Como era de esperar, la Patrulla-X detuvo los planes de Magneto, jugando Kitty Pryde (por aquel entonces con el colorido uniforme y nombre en clave de “Espíritu”) un papel tan importante que la ira de Magneto le costó la vida. O eso creyó el Amo del Magnetismo, rindiéndose al contemplar lo que sus acciones habían desatado y revelando su origen a modo de confesión.

hjctov8

Así, casi veinte años después, el villano de opereta se convertía en un personaje tridimensional al descubrirse que Magneto era un superviviente del Holocausto, un niño que sobrevivió a Auschwitz y que vio a su familia morir en las cámaras de gas. Es por esto que se rinde ante Tormenta y acepta la muerte, al darse cuenta de que infravalorando la vida humana por considerarla inferior a la mutante se había convertido en lo que los fantasmas de su infancia habían predicado con la vida de los judíos, inferiores a la Raza Superior. Para más inri, la joven Kitty que sostiene en sus brazos es, precisamente, uno de los personajes judíos más prominentes del universo Marvel, con lo que Claremont cerraba el círculo.

Este ejercicio de retrocontinuidad se convertiría en canon, y es el punto de partida, con muchos más matices y madureza, de la obra de la que hablaremos hoy: El testamento de Magneto. Pero que nadie espere ver una historia de Magneto, ni siquiera una historia de superhéroes. Los poderes del joven Max Eisenhardt apenas se manifiestan en esta miniserie; de ahí el subtítulo de esta reseña: esto es un relato del Holocausto.

knxbsvy

Y es que, con guión de Greg Pak y dibujo de Carmine DiGiandomenico, lo que los cinco números que componen El testamento de Magneto tratan de construir es un relato historicista, todo lo fidedigno que un tebeo Marvel puede permitirse ser, para el cual se optó por una amplia documentación sobre el tema y una apropiadísima estética de álbum europeo. Tanto el detallismo de DiGiandomenico, en el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera, como el tratamiento del color por parte de Matt Hollingsworth, evidencian esa voluntad de parecer bande dessinée. Y lo consiguen, especialmente el colorista, un maestro de su arte.

Así, con este separarse de los caminos habituales del superheroico, Pak nos cuenta la ascensión del sentimiento nacionalista y su vertiente racial en la Alemania de finales de los años 30, con el progresivo desprecio hacia los judíos hasta el punto de la humillación pública de aquellos que hubieran “mancillado” a una mujer alemana al casarse y procrear con ella. Estos horrores son contemplados con miedo y resignación por la familia Eisenhardt, con especial hincapié en el joven Max, que lo sufre en la escuela y lo observa en las calles, mientras la orden del patriarca es cautela y cabeza gacha frente a las injusticias.

xrwurwx

Todos conocemos la Historia, y el relato de Pak enseguida pasa de las vejaciones e intolerancia en la ciudad natal a un intento frustrado de exilio, marcado por la traición y la violencia, una nueva humillación en forma de gueto y la eventual condena a los campos de concentración. Los trenes de la muerte y el “Arbeit macht frei” de la puerta de Auschwitz-Birkenau recibirán a un Max Eisenhardt que se topará allí a viejos conocidos y quedará convertido en uno de los niños con el pijama de rayas.

Por su juventud y potencial como fuerza de trabajo, su destino se verá ligado a los Sonderkommando (“comando especial”), el grupo de prisioneros encargados de trabajar en las cámaras de gas y los hornos crematorios, recogiendo las pertenencias de los ilusos que acudían al matadero y disponiendo posteriormente de los cadáveres para su incineración. La desesperanza, la depresión, la injusticia, la maldad hecha carne de la catástrofe presenciada a diario… Todo ello minará el carácter de Max hasta las últimas consecuencias, de no ser por un haz de luz en la oscuridad que le llevará a seguir luchando.

mumsvmm

Como testigo directo de estas acciones, la misantropía del villano Magneto quedaba más que justificada, y ciertamente el Holocausto como motivación le otorgaría la tridimensionalidad que antes mencionábamos. La miniserie de Pak y DiGiandomenico, que esta misma semana reedita Panini Cómics en una edición de lujo, tallaría en piedra el origen de uno de los villanos más interesantes del universo Marvel desde aquella lejana revelación en 1981. Éste es uno de los orígenes que Marvel Comics no se ha atrevido a alterar mediante retrocontinuidad para que la cronología de su universo siga teniendo sentido (calculad la edad que debería tener Magneto a día de hoy si fue un joven adolescente en 1944, por mucho rejuvenecimiento que se le haya aplicado). De hecho, hemos podido ver a Cullen Bunn y Gabriel Hernández Walta haciéndose eco de este traumático pasado en la revisión antiheroica de su reciente etapa en Magneto (2014-2015), más que recomendable.

Así que, si queréis conocer la verdad sobre Max Eisenhardt, ahondar en las motivaciones del villano redimido, al mismo tiempo que recibís una clase muy resumida de historia del Holocausto (los extras de esta edición son una terrible delicia), El testamento de Magneto es una lectura necesaria e interesante. Porque “Arbeit macht nicht frei”.


7du16d3

El testamento de Magneto,
de Greg Pak, Carmine Di Giandomenico
y Matt Hollingsworth.
Marvel Comics / Panini Comics

Contenido:
X-Men: Magneto Testament #1-5 (2008-2009)

Tapa dura y encuadernación holandesa.
128 páginas. 18€. Desde el 05/07/2017.